Historia de la parroquia de Nuestra Señora de Altabás


Uno de los grandes desconocidos del Barrio del Arrabal, es la Iglesia de Altabás, que sirve de parroquia para los vecinos del barrio. De origen mudéjar, siglo XIV, tuvo junto al pretil del puente Piedra en su orilla izquierda su primitivo emplazamiento hasta 1813, año en el que se derrumbó como consecuencia de la voladura de la última arcada del puente en la salida de los franceses de Zaragoza.

El 30 de julio de 1892 se inauguró el actual templo parroquial. Se alza en tendencia neoclásica, con una austera fachada de ladrillo y tres naves. En su interior destaca el Cristo de Fuenterrabía y San Gregorio Magno, patrón del Arrabal, siendo el resto de su imaginería del siglo XIX.

La iglesia tiene planta basilical, de tres naves cortas, la central más elevada y cubierta con bóveda de cañón con lunetos y tiene coro elevado a los pies. Las capillas y altares presentes siguen los cánones neoclásicos con columnas sobrias y retablos votivos. De fachada muy sobria con dos torres que flanquean el cuerpo central, rematado por un frontón triangular. La portada es adintelada y sobre ella, a eje, hay un luneto de medio punto. Dos cornisas marcan los cuerpos de la fachada. Sobre la segunda se elevan las torres, de planta cuadrada.

Cuenta la iglesia con siete altares. El Altar mayor, construido en 1895, en estilo neoclásico, cuenta con tres imágenes de tamaño natural de estilo realista, presidido por La Virgen de la Candelaria, y entre sus imágenes destacan las de San Roque, procedente de la parroquia antigua; San Gregorio Magno patrón del Arrabal, procede también de la antigua parroquia, restaurado en 1896; y Santo Cristo de Fuenterrabía. Este Cristo tiene una historia poco conocida por los zaragozanos. En 1638 el Príncipe de Condé invadió Guipúzcoa y puso sitio a Fuenterrabía. Acudieron tropas aragonesas al mando del capitán Pablo Francés de Urritigoiti, Barón de Montevilla. Entre los despojos de la batalla se encontró la imagen de un Santo Cristo horriblemente mutilado lo pidió y se le concedió. Mando restaurarlo y lo llevaron a una suntuosa capilla erigida en el convento de San Lázaro. Tras la desamortización, pasó a la iglesia de Altabás. Y aquí está, aureolado por muchos milagros antiguos, quizá hoy demasiados desconocidos. Formó parte de la que se denominó 'Ruta de los tres Cristos', junto al del Pilar y al de La Seo, testimonios de devoción popular. Los altares de La Dolorosa, el Sagrado Corazón y Ntra. Sra. del Carmen completan el inventario de este templo.